EL OFICIO

El arte de la marquetería

Siete maderas, doce colores, sombreados en arena caliente. Cómo un dibujo se convierte en una superficie taraceada en Sorrento.

La marquetería es dibujar con madera.

Nada de pintura, nada de impresión, nada de calcomanías. Cada color de la superficie acabada es una pieza de madera, cortada a medida y colocada junto a sus vecinas hasta que la imagen se cierra. El método se practica en esta península desde hace dos siglos, y en este taller desde 1957.

UNO

El dibujo y las maderas

Cada diseño nace en papel. El arce, el nogal, la caoba oscura, el fresno, la raíz de nogal, el bubinga y el roble se eligen por su veta y después se tiñen en doce colores: la paleta que da a la marquetería de Sorrento toda su gama sin una gota de pintura.

DOS

El corte

Las hojas de chapa se apilan y se cortan juntas con la sierra de marquetería, con la hoja siguiendo a ojo la línea dibujada. Una sola tapa puede reunir cientos de piezas, y cada una sale de la sierra lista para el lugar que debe ocupar.

TRES

El sombreado

Las piezas cortadas se pasan por arena caliente, que quema sus bordes a distintas profundidades. Así es como este oficio dibuja luz y sombra solo con la madera: un pétalo oscurecido en la punta, un pliegue de un ropaje acentuado en su surco. El color lo dan los tintes; la profundidad, la arena.

CUATRO

La taracea

Las piezas se colocan una a una en el panel, color junto a color, hasta que el dibujo reaparece en la madera. Nada se encola hasta que toda la imagen se lee correctamente: una sola veta fuera de lugar se ve durante toda la vida de la pieza.

SORRENTO

Dos siglos de taracea

Los monjes benedictinos ya trabajaban la madera taraceada en esta costa en el siglo VI, pero el oficio tal como lo conoce Sorrento nace con Antonio Damora, que presentó sus obras en la corte de Francisco I en 1825 y después abrió un taller en la ciudad. El color llegó hacia 1840, cuando las chapas teñidas ampliaron una paleta hasta entonces limitada a la veta natural. En 1886 se fundó una escuela de arte aplicado para enseñar el oficio de forma reglada, y la marquetería se convirtió en el sello de la península. El taller Ercolano abrió en 1957 y desde entonces trabaja en esa tradición.

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